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El Desprecio (Jean-Luc Godard 1963)

El Desprecio (Jean-Luc Godard 1963)El Desprecio (Jean-Luc Godard 1963)

Parte 1

Porque el cine es, ante todo, lenguaje, debe de reivindicarse todavía con más fuerza la figura de Jean-Luc Godard. André Bazin, uno de los teóricos fundamentales de la historia del cine, defendía la necesidad de los planos largos para obtener de un film su verdad. Godard pertenece a esa clase de directores que buscan, ante todo, investigar el medio en el que se mueven. Experimentar, desarrollar. No solo de acto, sino de palabra. Es como un eterno niño que necesita conocer, que ansía aprender lo que el mundo le ofrece, para poder después darlo a conocer a los demás. De aquí y de allá recoge y luego expone. Esto le ha granjeado precisamente cierta fama de teórico vacuo. Godard deslumbra al espectador con aquello que le pone delante. El problema es que nada más tocar un asunto, enseguida corre tras otro, dejando al anterior suspendido, insinuado. Es como recorrer distintas partes de una enciclopedia universal deteniendo el dedo en diferentes páginas casi al azar. Sus obras resultan puzzles complejos que configuran una mirada personal y creadora. Para un escritor, siempre es temible el momento en el que, tras pergeñar unas frases, detiene su corriente de pensamiento para encaminarla en otra dirección, preguntándose: “¿Estaré siendo demasiado abstracto y habré errado en mi intención de enseñar, de educar, de descubrir cosas nuevas en el lector?” Godard da por supuesto un sinfín de cosas en el espectador, dando por supuesto que quien se enfrenta a sus cintas lo hace con un amplio recorrido cultural a sus espaldas.

Godard, como digo, experimenta en la forma y en el fondo con sus trabajos. Dentro de este contexto, podemos situar a otros autores como Antonioni, por ejemplo. Puede ser que en muchos casos estos experimentos vivan su momento de esplendor pero no posean continuación y acaben quedando anticuados e incluso incomprensibles. Viendo “El desprecio” uno presencia una frescura latente todavía. Impresiona su color –azul-rojo-amarillo- y simplicidad escenográfica (todo resulta muy teatral). Los escenarios grandilocuentes, Homéricos, de la Naturaleza (un paisaje de Capri), contrastan con los momentos íntimos en casas asépticas, con dos personas una junto a otra conversando sobre aparentes banalidades. Una banda sonora desbordante, obra de Delerue (el compositor favorito de los de la “nueva ola”), parece superar con su grandiosidad a la sencillez de los asuntos tratados en el film. ¿Sencillez? Quizá la cosa esté en que tal sencillez no existe, que es una apariencia, y que lo que bulle en el trasfondo de las historias es mucho más de lo que creemos. Uno de los primeros existencialistas (antes de que se acuñase tal término para designar una corriente literaria) fue Moravia. El título del film hace alusión a una de sus novelas de la que parte esta película. “El desprecio” nos habla de ese momento bisagra en las relaciones personales de pareja en el que todo está a punto de cambiar, y ni sus protagonistas son capaces de advertirlo claramente. Un desamor, todo muy abstracto como para poder describirlo, es proclive a situaciones de deriva, en las que el curso imparable de las cosas continúa avanzando a pesar de que las personas que lo viven no comprenden o no quieren comprender…

Fuente imagen:http://www.citizenpoulpe.com/le-mepris-jean-luc-godard/

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