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Django Desencadenado

Django DesencadenadoDjango Desencadenado.

 

Parecía que el género del western se encontraba totalmente liquidado. Parecía. Ha tenido que venir Tarantino para demostrarnos que la cosa no es así, que solo hace falta un poco de imaginación. Él, que es un experto en coger de aquí y de allá para fabricar obras novedosas y rompedoras. Su bagaje cinematográfico, procedente de horas y horas invertidas en el videoclub, le hace jugar con ventaja y proponer nuevos desafíos dentro de lo que llamamos séptimo arte. Pero la cosa no acaba aquí. El bueno de Quentin es capaz de conformar una pieza con una duración de tres horas y conseguir que el espectador no sea capaz de apartar la mirada de la pantalla. “Django desencadenado” es otra de esas obras excesivas y disparatadas de su director, plagada de diálogos hilarantes como sólo él los sabe hacer y con un alto contenido de violencia. De hecho, su empleo es tan excesivo que llega un momento en el que ya no nos llega a resultar “violencia” como tal, sino una especie de despliegue de fuegos de artificio sorprendente que acaba anulándose a sí mismo, anestesiando a la mirada que lo contempla. Quentin Tarantino bebe, para ser más exactos, del western del spaghetti italiano (concretamente se basa en el film “Django”, que Sergio Corbucci), sin olvidarse referentes como Sam Peckinpah, pionero en el uso de una estética agresiva que podríamos denominar como “tremendista”. De hecho, no es casualidad que el cineasta se considerase admirador de novelas de Cela como “La familia de Pascual Duarte” (a partir de la cual se acuñó dicho concepto de “tremendismo”). Pero antes que Peckinpah, habría que mencionar a Arthur Penn y su film “Bonnie and Clyde”, concretamente la escena final del asesinato de los dos gansteres con sus cuerpos estremeciéndose a cámara lenta mientras son acribillados por un sinfín de balas.

En “Django”, Tarantino demuestra una vez más que todavía le quedan historias que contar, que su frescura permanece intacta aún pasando los años. Para realizarla, no ha dudado en rodearse de viejos actores conocidos como Samuel L. Jackson o Christoph Waltz (que ya le había dado un resultado excepcional en su anterior film “Malditos bastardos”) además de otros que resultaban una baza asegurada, como Jamie Foxx o Leonardo DiCaprio. En esta revisión tan posmoderna del género del oeste, llaman la atención recursos visuales como el de los zooms a gran velocidad, o los sonoros, introduciendo música e interrumpiéndola de golpe (eso sí, con toda la coherencia), desde la clásica (“Dies Irae” del Réquiem de Verdi) o actual (rap). No podía faltar Ennio Morricone, ni la banda sonora original de la película del mismo nombre ya mencionada en la que se basa Tarantino para realizar el film.

Django” es una crítica a la época esclavista en Estados Unidos, antes de que Lincoln cambiase las cosas tras la Guerra de Secesión. El título hace alusión al nombre del personaje protagonista (interpretado por Foxx), el cual es rescatado por King Schultz (Waltz) cuando se encuentra siendo conducido junto a otros esclavos negros a través de Texas. Waltz es un antiguo dentista reconvertido en caza recompensas que necesita a Django para encontrar a unos hombres que busca y que sabe que él conoce. Django, por su parte, busca reencontrarse con su mujer Broomhilda (Kerry Washington). He aquí el primer chiste tarantiniano de la película: el nombre de ella corresponde al del personaje de la mitología nórdica, acabando por resultar curioso que una mujer de reza negra tenga nombre germano e incluso hable alemán…

Fuente imagen:http://www.blogdecine.com/criticas/django-desencadenado-el-western-segun-tarantino

 

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