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Django Desencadenado

Django DesencadenadoDjango Desencadenado.

…Django, que en este caso representaría al Sigfrido de la Broomhildalegendaria, realizará este viaje cinematográfico para reencontrarse con su amada, quien, como él, ha sido vendida como esclava. Este viaje será doble, pues también pensará vengarse de todo hombre blanco que pasó por su vida y la convirtió en un infierno. El segundo chiste de la película es el de un caza recompensas negro que caza blancos (algo insólito en la época en la que se desarrolla el film). Una de las escenas más memorables es la de la parodia que Tarantino hace del Ku-Klux Klan, y que resulta una revancha a la escena final de “El nacimiento de una nación” de Griffith. Tarantino reconoció, en recientes declaraciones, que para esa escena tomó precisamente como fuente de inspiración dicha escena de Griffith. Recordó, además, que uno de los figurantes de esa escena fue John Ford, refiriéndose a él en estos términos:

 “Es gracioso, la verdad. Obviamente, John Ford no es uno de mis héroes del western americano. Decir eso es poco. Le odio. Olvidémonos de los indios sin rostro que mataba como a zombis. Es gente como él quien mantiene viva esta idea de la sociedad anglosajona como modelo de comparación con el resto de las sociedades, sean de donde sean. Y la idea de que esta forma de pensar es una sandez es bastante reciente, en términos relativos. Y se puede ver en el cine de los 30, 40 e, incluso, de los 50”.

 Cabría refutar a Tarantino como una forma de justicia cinematográfica: y es que Ford fue precisamente uno de los primeros directores en incluir a actores de color en sus películas (anteriormente, para representarlos, se pintaba a actores de raza blanca para que simularan ser negros). Además, sin Ford no existiría ni Peckinpah ni “Django”. Ford supo crear un lenguaje cinematográfico propio y sus películas son dignas de figurar entre las primeras dentro dela Historia del Cine.

Pero volvamos a “Django”. En la película hay dos partes bien diferenciadas:

Una, la que corresponde a las “aventuras” de los dos protagonistas como caza recompensas. Y otra que se refiere a la llegada de éstos a Candyland, en la cual se encuentra presa Broomhilda. Quien la ha comprado no es otro que Calvin Candie, dueño de la finca (interpretado por DiCaprio). Candie tiene como leal esclavo a Stephen (Jackson) un hombre de raza negra que no duda en actuar contra los de su propia raza como el pero de los “negreros”.

La primera parte acaba siendo mejor acogida por el público, mientras que la segunda acaba resultando, según la opinión general, como más lenta. A mi juicio, es ésta precisamente la más interesante, aunque carezca de la acción tan demandada por los fans tarantinianos (los cuales se verán saciados al final de la película, con una “carnicería” a mi juicio excesiva). En ella se encuentran partes magistrales, como la exhortación de Dicaprio calavera en mano, como un moderno Hamlet. Las partes habladas resultan para Tarantino una herramienta necesaria para ir incrementando la tensión hasta que ésta sirva como detonante de su particular violencia. No obstante, su ironía es ya marca de la casa, habiéndose vuelto perfectamente reconocible para los amantes del cine. Los diálogos tarantinianos son bien genuinos e inimitables.

¡Ah, se me olvidaba! En el film hay dos cameos especiales, uno bien visible y otro no tanto: en el primero, veremos a Tarantino interpretando un pequeño papel. En el segundo, encontraremos a la actriz Amber Tamblyn asomándose por una ventana durante unos pocos segundos, al comienzo del film, cuando los dos protagonistas llegan al pueblo en el que ella vive.

Habrá quien piense que el film es la mejor obra de su director. Otros, pueden que echen de menos los tiempos de “Pulp Fiction”. Lo que resulta inapelable, es que “Django” es Tarantino en estado puro. Y yo solo puedo recomendar que… ¡no se la pierdan!

 

Fuente imagen: http://www.blogdecine.com/criticas/django-desencadenado-el-western-segun-tarantino

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